viernes, 20 de julio de 2012

Carros de Fuego



                                  

    La acción de la película inspirada en hechos reales  transcurre durante los años anteriores  a las VIII Olimpiadas  que se  celebraron en París  en 1924. Los jóvenes protagonista  son Harold,  un judío  que   estudia  en Cambridge, y Erick hijo  de un misionero protestante  escocés,  que ha  regresado  a su país  tras varios  años en China. Ambos son dos  magníficos  atletas   y sus vidas  se cruzan  en la lucha  por las “Medallas  Olímpicas”. Sus  motivaciones  son diferentes,  Harold  piensa  en el éxito  como una palanca  que le eleve  por encima  de un cierto complejo social ¡Eric  es un hombre  de profundas creencias  religiosas que  ve en el triunfo  un modo de servir a Dios!

   

 Conforme avanza la película  se nos    presenta  las vicisitudes  de los dos personajes, sus crisis,  el proceso de madurez de uno, la fidelidad  del   otro  a sus convicciones religiosas por encima de toda gloria humana. El espectador, que es cada vez  más consciente de la valía personal  de los dos jóvenes , va descubriendo  valores universales  e imperecederos:  la tenacidad, la lealtad, la amplitud de miras,  la necesidad  de compartir  los triunfos  y sacar  consecuencias útiles  de los fracasos…
Si el guión  es la esencia de una película, los aspectos técnicos son su envoltura. Y,  en este punto  todo está  muy cuidado: fotografía, ambientación, vestuario,  con mención  especial para la magnífica   banda sonora  de Vangelis. En definita, un film  ya clásico, como un libro  clásico, que al decir de Italo Calvino: ¡persiste como ruido de fondo incluso donde  la actualidad más incompatible se impone!









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